En la ruta
El bus de lujo iba en viaje. La ruta era por ella conocida
y otras veces recorrida, aunque en circunstancias diferentes.
Esta vez el viaje era de descanso, de placer. Las veces anteriores
fue por trabajo.
La tripulacin del bus en la cabina. El resto de los ms de
treinta pasajeros durmiendo, pretendiendo dormir, soando,
tal vez escuchando en el cmplice silencio que invada
el interior de la mquina.
Era de noche. Era una clara, serena y clida noche subtropical.
Los labios de l prontos a los de ella. Sus jugosas y deseosas
bocas separadas apenas por un impenetrable suspiro.
Se haban visto por primera vez dos noches antes, haban
pasado menos de cuarenta y ocho horas desde que se haban
mirado deseosamente y se haban ignorado.
Ella, de piel muy blanca, de ojos transparentes y pelo revuelto.
El, seguro de s mismo se present con nombre, apellido
y profesin. Imponente. Avasallador.
Ella, cautivada por ese hombre de piel morena y de porte
adecuado a su propia contextura. Ella lo pens. Ella lo
sinti junto a su piel, cuerpo a cuerpo. Ella presinti
lo que sucedera.
En un rpido cerrar de ojos, irrumpe en su mente, en la de
ella, el recuerdo de otros tiempos. Instantneamente
ella se reincorpora. Se produce un nuevo e interminable
intercambio de fijas y escrutadoras miradas.
El se despide seductoramente. Acerca infinitamente su
anatoma cmplice y excitada a la de ella, desendola,
imaginndola, saborendola. Slo roza su cintura, apenas
toca su marcada cintura.
Esa primera noche se desearon, se buscaron, se detuvieron,
se contuvieron.
Las horas siguientes, durante la cotidianeidad del da
compartido, l la sigui con su mirada cargada de sensualidad.
El tono de su voz provocaba en ella un ertico y estimulante
cosquilleo en su blanca, tersa y sinuosa espalda.
El la asedi. El la sedujo. Ella se dej asediar. Ella se
dej seducir.
Sin percepcin del tiempo transcurrido, ambos estaban
uno junto al otro en el ltimo par de asientos de ese bus.
Conversaban coquetamente. De modo acelerado se conocan
ms all de lo que ambos pares de ojos vean frente a s. Se
analizaban. Se cuestionaban. Intelectualmente potentes,
ambos se desafiaban una y otra vez.
Cada vez ms cerca, cada vez mayor estrechez entre su cuerpo
y el de ella. Ya se sentan hace mucho, ya se anhelaban hace
rato.
A un pice de su boca estaba la de l. Pudieron detenerse.
Esta vez no lo hicieron. Esta vez no se contuvieron.
En un eterno e inquietante instante lo analizaron y lo decidieron.
Cmplices se adentraron en la ruta del placer fsico.
Con sus carnosos labios en contacto, comenzaron a recorrerse.
Siguieron desafindose con la palabra y con el acercamiento
mutuo de sus cuerpos continuaron en la ruta.
Las manos de l fundidas en el cuerpo de ella. Ella, brindndole
gozo con su femenina boca. La boca de l buscando sus grandes
senos y sus rosados pezones. Alternando sabores, intercambiando
aromas, compartiendo el aire y calentando el ambiente.
Su virilidad erecta la hace desearlo ms. Se besan y vuelven
a recorrerse. Su naturaleza femenina lo atrae haca si.
El la posee. Ella se deja poseer.
Las luces de los vehculos que circulan en sentido contrario
iluminan sus excitadas anatomas y develan a ambos el plcido
escenario en el que se encuentran. La tripulacin del bus
en la cabina. El resto de los ms de treinta pasajeros durmiendo,
pretendiendo dormir, soando, tal vez escuchando en el
cmplice silencio que invada el interior de la mquina.
Era de noche. Era una clara, serena y clida noche subtropical.
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