Una noche en casa

La noche avanza y suena la radio, lenta como los amantes
moviendo sus cuerpos al ritmo del soul que surge del dial
con voz rasgada.


Una mujer descansa sobre el sof. Lee mientras con el dedo
seala una a una las lneas de cada pgina. El tacto de las
hojas es spero y le seduce detenerse en la lectura de forma
pausada. Fuera hace calor y, con las ventanas abiertas,
el ruido de la calle entra sin permiso. No le molesta, se
siente acompaada, la soledad de la noche se hace a veces
prolongada y eso le da nimos. Lleva puesto un vestido azul.
Se ha tenido que cambiar porque los pantalones que llevaba
hace unas horas le apretaban.


Est apoyada sobre uno de los brazos, con las piernas recogidas
y semiabiertas. Puede ver el brillo que produce la luz sobre
la piel cuando se refleja. Se pasa las manos. Estn suaves,
al contrario que el libro que lee y sostiene en el vientre.
Pero sigue leyendo, sabe que si sigue as dejara la lectura
y comenzar a recorrer su cuerpo con la punta de los dedos.
Para evitarlo, se toca el pelo. Coge un rizo y le da vueltas.
Pero el pelo se hace poco a poco escaso, falto de la suavidad
que parecen ofrecer sus piernas. Prefiere stas. Y sus
manos comienzan a descender hacia el cuello. Con el ndice
empieza a hacer crculos. Pero eso sabe a poco. Nota como
las hojas al pasar rozan con sus tetas y la punta de las pginas
se clava a travs del vestido sobre la piel. Nota cmo se
pone ligeramente cachonda. Su respiracin aumenta el
ritmo. Aunque prefiere seguir leyendo. El libro es interesante
y lo ha comprado esa misma tarde.


La casa est tranquila. Se escucha el peso del ascensor
subiendo y bajando, con el sonido cadencioso que le caracteriza.
Le gusta la suavidad con que se mueve. Pero su mano ya se ha
puesto en las tetas y las aprieta de forma suave. Tiene los
pezones duros. Lo nota porque pasa la punta de un dedo y asoma
un bulto duro. Se levanta el vestido y comprueba que es cierto.
Aunque tambin puede ver el vello del pubis desde esa posicin.
Le atrae. Y se acerca para comprobar la suavidad del borde
de los muslos. Al igual que el cuello, sus piernas se dejan,
se abren un poco, dejndose caer sobre el sof, abiertas.
El libro descansa ya sobre el pecho. Ella tiene sus manos
en el coo y lo abre con los dedos. Est hmedo. Y ella caliente.
Se pasa por los bordes la yema de los dedos y descubre que
el placer aparece de repente. Siente calor. El verano,
se dice, este verano me va a hacer sudar muchsimo.


Ha cerrado los ojos y nota lo caliente que est.


De repente, llaman a la puerta. Ella no espera a nadie. Precisamente
esa noche haba preferido quedarse en casa y acabar el libro.
Vuelven a llamar. Se levanta corriendo. Se siente nerviosa
porque no quiere que se le note lo que estaba haciendo en
el mismo instante en que son el timbre por primera vez.
Cuando se va acercando hacia la puerta, oye un ruido extrao,
como si sta se abriera. Siente la corriente.


En ese momento la luz se apaga. Pero no se asusta. Escucha
cmo se cierra suavemente. Algo le dice que han entrado
en casa y, extraamente, no se siente asustada sino inquieta,
solamente inquieta. Se acerca despacio hacia el descansillo.
De repente, al doblar la esquina, unas manos le sujetan
de los hombros. Ella se revuelve pero no puede hacer excesiva
fuerza porque stas la agarran firmemente de los hombros,
la empujan contra la pared y descienden por sus tetas. Nota
sus pezones duros, cmo las sujeta con todos los dedos,
su respiracin fuerte, los rasgos de su cara, de su cuerpo.
Pero siguen bajando y la levantan el vestido. El hombre
se ha arrodillado y acerca su cara a los muslos. Siente el
calor de la piel contra la piel, sus facciones adosadas
y cmo, poco a poco, va acercndose con la boca a su coo.
Simplemente respira, respira cerca, mientras los msculos
de ella, en tensin por la situacin, se abren y le ofrecen
todo bien abierto. Pero el hombre tan slo la pasa suavemente
la lengua mientras la sujeta fuerte para que no se mueva.
Y sube hacia sus tetas y las huele, la huele como el animal
que descubre a su pieza. La tiene agarrada de las caderas.
Su cuerpo se aprieta a ella. Puede notar cmo su polla est
dura y se le clava.


Ella baja sus manos. No comprende lo que est haciendo.
Es un desconocido el que ha entrado en su casa y la acosa.
Pero le desea. Desea que la penetre, que la haga chillar,
gemir, sentir dentro de ella cada centmetro de l. Baja
las manos y comprueba que no lleva ropa interior. Coge la
polla con sus manos. l se asombra. Su respiracin se ha
vuelto entrecortada, como si de acosador hubiera pasado
a acosado. La tiene entre sus manos mientras l la besa con
toda la lengua. Se la mete y muerde sus labios. Su saliva
se mezcla con la de l.


Le abre la bragueta y le desabrocha el botn. Ella intenta
desasirse, bajar y tenerla cerca, pero l no la deja. Al
contrario, la coge del culo, con una mano en cada nalga,
y la empuja hacia l. Baja de nuevo y esta vez se dirige directamente
a su coo. Con los dedos se lo abre. Ella pone sus manos sobre
su cabeza. Siente entre sus dedos el pelo corto del hombre
y cmo se escurre entre ellos. l ha empezado a deslizar
su lengua por los laterales, con una suavidad extrema,
pero sigue por el cltoris y le da pequeos golpes. Luego
le pasa la lengua por todo el coo, sin excepcin. Da la sensacin
de que se lo est comiendo todo, de que su lengua es enorme,
mientras se hunde por el interior y vuelve a sobresalir.
Ella mantiene sujeta la cabeza, siente cmo se va quedando
sin fuerzas, cmo el placer aumenta y emite gemidos. Le
est gustando piensa l, mientras levanta los ojos y
comprueba que ella se retuerce y pide ms.


As, cmemelo le dice ella. l sigue. Atiende a sus
palabras, mantiene un ritmo lento con la lengua mientras
con los dedos acaricia el borde, se los introduce ligeramente.
Hasta que los gemidos se hacen ms fuertes. Hasta el punto
mismo de correrse. Pero l, en cambio, se levanta. La mira
con deseo. Pone sus manos en los hombros y la baja. La sita
delante de su polla y, mientras la coge, se la pone en su boca.
Cmemela t ahora. Tengo un caramelo para ti. Ella le
mira sorprendida. No haba odo su voz pero le gusta. Aunque
le gusta ms lo que le ofrece. La lame con la lengua, lame
la punta, su tronco, sus huevos, mientras le mantiene firme
sujetndole de la cintura. l esta cachondo, muy cachondo.
Le gusta cmo ella se acerca, cmo se abre a l, cmo se rebela
e intenta desasirse, cmo sus manos se adhieren suaves
a su culo, a su cadera, a todo lo que pillan, la especial dedicacin
a cada poro poco a poco, l va cayendo en la trampa y esta
vez es su placer el que le hace gemir fuertemente. Sus gritos
los oye ella, se meten en su cabeza. Est completamente
mojada.


l lo sabe. Pero no quiere que pare. Cierra los ojos y siente
su lengua por toda su polla. Siente un escalofro por su
cuerpo y cmo, en breve se va a correr dentro de su boca. Pero
ella tambin lo sabe. Y para. l est completamente empalmado
y a punto de correrse. Ella lo siente.


Y, por eso, se levanta y se dirige hacia el saln, por el pasillo
que antes haba recorrido desconociendo lo que la iba a
suceder. l est detrs de ella. Y ella siente su mirada
sobre su cuerpo, traspasndole el vestido, araando con
sus ojos su culo, su espalda, sus piernas. Quiere que la
folle. En la oscuridad de la casa. En cualquier rincn.
Pero se aleja. l rpidamente se desviste. Observa cmo
se aleja muy despacio. La desea. Quiere penetrarla, metrsela
hasta el fondo y que note su polla dentro, hasta el fondo.



Sale corriendo a por ella y la coge de un brazo. Le pone las
manos en el marco de la puerta, de espaldas a l. Con todo
el culo y piernas abiertas. Con los brazos levantados.
Y la levanta el vestido. Sin ninguna lentitud. Con ansia,
con cierta violencia. Y descubre al trasluz su cuerpo,
con cada uno de los msculos de la espalda marcados. La separa
las piernas. Le abre las nalgas con las manos y, agachndose
un poco, se la va metiendo poco a poco mientras al odo le
susurra con voz grave: Vas a ver lo que te voy a meter. Desliza
sus manos por los laterales del tronco y sujeta su cadera
con fuerza. Se la introduce con fuerza pero de forma lenta,
para que sienta cada uno de los centmetros. Sube las manos,
le coge de las tetas y nota sus pezones completamente duros.
Las tiene entre sus manos mientras empuja su cadera contra
la de ella y se la va metiendo. Ella se revuelve. Le gusta
sentirla dentro y que se la folle. Comienza a sentir un calor
en su cuerpo y el movimiento de las caderas chocando una
contra otra. Las manos de l parecen estar por todos los
lugares, se aferran a cada uno de sus rincones, a sus hombros
mientras la empujan hacia l, a su tronco, a su cadera, sobre
su culo, sobre los muslos


Ella, entonces, se da la vuelta. Se separa. l intenta cogerla
pero no puede. Estn sudando y se escurre. Ella se sienta
sobre la encimera de la cocina. Ven. Ahora me toca a m.-
le indica. Le toma entre sus brazos y le lleva hacia ella.
Cmeme las tetas primero. Pero bien. Y muerde los pezones
ligeramente. l la obedece, pese a verla sobre el poyete
con las piernas abiertas. Y le come todo. Con gana. Es ah
cuando ella le coge la polla y se la acerca al coo. Mtemela.
No te vas a quedar ah. Mtela hasta el fondo. Sus piernas
se agarran a su cintura, le empujan hacia ella. l se la mete
toda. Hasta unir los vientres y con los huevos golpendole
el culo.


Los dos, dejando de ser seres independientes, comienzan
a gemir. A moverse uno contra el otro. Parecen uno solo.
Con los cuerpos sudorosos y resbaladizos. l siente el
placer aumentando, siente que en breve se correr pero
quiere que ella se corra y chille, gima hasta perder el aliento.



l la penetra pero es ella quien se empuja y dirige su cadera
hacia l. Ella se va a correr y empieza a perderse, a notar
como el placer la recorre el cuerpo entero. El sudor la pone
cada vez ms cachonda y empieza a gemir ms y ms fuerte.
Nota la tensin en sus msculos, su prdida de control.
Y l empuja su polla dentro, bien dentro. Los dos estn fuera
de s, cada uno con su placer que en el fondo es uno. Y sienten
cmo llega como las olas chocando en los acantilados, en
golpes fuertes, en andanadas, mientras los dos, cada uno
en su grito. Entonces, justo cuando ella comienza a correrse,
movindose en espasmos, l descarga todo su semen caliente
dentro, mientras se empuja hacia ella, como las olas, despacio
y con ganas. Ella sigue. Gime con fuerza. Se abraza a l apretndose
para no perder un solo instante. l la agarra de la cintura,
la rodea con sus brazos. Es ah donde la fuerza del placer
comienza a perder su fuerza y descubren, entonces, que
an queda ms y ms y ms como una mueca rusa.

<< Prev alt sex stories Next >>